
Caminaba por la calle.
Trataba de aguantar el calor del sol de medio día, estresada, distraida, despeinada...
Mi cabeza ocupada, pensando, brincaba de un lugar a otro, hiriendo mi corazón, imaginando imposibles.
Buscando respuestas donde no las iba a encontrar.
Moviendo un pie tras de otro. Mi corazón palpitando sin darme cuenta. Respirando por instinto.
Borraba sin darme cuenta el sonido de los carros y solo me hallaba concentrada en la jungla de mi cabeza.
Detenida en el semáforo, continuaba torturándome, buscando un lugar que me diera en ese momento un propósito inmediato, cumpliendo con una tarea encomendada, por un designio obligado por el destino.
El semáforo cambió a rojo y entonces caminé.
Fue de pronto cuando me cautivaron unos ojos profundos con una impresionante sonrisa acompañada. Bajé la mirada porque pensé que el pensamiento jugaba conmigo y miré de nuevo un segundo después.
La sonrisa seguía ahí y decidí corresponderle de manera sutil, y fue entonces cuando sentí ruborizarme. Pasé junto a esa sonrisa y sentí que me fallaban sin querer las rodillas, sin embargo continué caminando firmemente.
Desee con toda mi alma dar media vuelta y caminar tras de esos ojos que me hipnotizaron, pero no lo hice... lamentablemente no lo hice.
Sabía que por su mirada, su sonrisa y su actitud correspondida, él también esperaba que lo hiciera. Pero no lo hice.
Nunca más te volveré a ver, no se quien sos, ni siquiera se tu nombre, pero esa sonrisa borró todos los pensamientos que aturdían mi mente
No se si el destino tendrá preparado algo. Pero entre tu mirada y mi sonrisa, el momento llenó mi memoria con el recuerdo que necesitaba justo ese día